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• El trabajo con sordos |
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Soy una artista que, a través de un trabajo creativo, ha encontrado un método que logra cambios en la gente, mediante el movimiento. Lo único que hago es estimular las potencialidades que todos tienen. Yo nunca hablo de curar, sino de cambiar. Y cualquiera sea el tipo o gravedad de un problema, siempre habrá algo que se pueda modificar, aunque es preciso aclarar que el solo movimiento no hace que uno cambie, así como no todas las personas están necesariamente predispuestas a un cambio (en su cuerpo, en su sentir, en su vida) . Es un método de trabajo creado a través de mi labor de artista. A través del movimiento se generan cambios que no son sólo físicos, sino que involucran activamente a nuestro cuerpo interno, muchas veces aislado, ignorado, con miedos o problemas tanto sensoriales como psíquicos. A través de los estímulos que doy se mueven y cambian los "no" del cuerpo, convirtiéndose en sucesivos "sí", en "esto que estoy haciendo me pertenece". Simplemente estimulo las áreas dormidas, que no acuden únicamente a través de formas auditivas, sino que todo el cuerpo es el protagonista. Cuando bailamos expresamos no sólo la belleza, sino también los miedos, la rabia, la angustia, el dolor. Cada uno de esos estados son personajes que viven dentro nuestro y que pugnan por salir con la misma intensidad con que nos resistimos, muchas veces, a dejarlos aflorar o, tal vez, reconocerlos como propios. Y es a través de la danza, más que de la palabra, que logran encontrar esa salida." No danzamos para gustar, sino para ser nosotros mismos, para poder crear, expresarnos y entregar a los demás, desde el principio y para siempre. Trabajo mucho en el reconocimiento del propio cuerpo, en la alegría de la aceptación y en la posibilidad de expresión.
Sabemos y aceptamos que el cuerpo ideal no existe, y nos vinculamos con el cuerpo expresivo, generoso, que cambia con el tiempo y con las emociones, que busca, que siente. Ese es el que nosotros trabajamos, aceptando los cambios del cuerpo físico, incorporando los límites, porque a medida que pasa el tiempo el cuerpo gana y pierde, reconociendo sus miedos y aceptándolos, siempre pensando que el apoyo está en un proceso de encuentro con el mundo interno, donde el movimiento tomado así produce cambio y alegría permanente. No apunto a los efectos inmediatos, porque éstos no brindan, en general, un bienestar duradero. Todas las disciplinas corporales o gimnásticas que se valoran por los resultados físicos medibles e instantáneos no van más allá del momento, no llegan a la profundidad de una transformación y aceptación real, y su efecto (frecuentemente relacionado con la moda o la apariencia física externa) desaparece de inmediato, no pudiendo sostenerse a lo largo de toda la vida. No hay una valoración de la persona en su totalidad ni en su unicidad (su ser único), sino un molde que funciona como modelo a seguir, por imposición externa, aún a fuerza de quirófano, anabólicos o hábitos que conducen a la anorexia. Sin ir a los extremos de la negación del propio cuerpo, lo que quiero significar con esto es que el verdadero bienestar es una victoria que se conserva a lo largo de la vida y, por lo general, se hace contagiosa hacia nuestro cuerpo, hacia nuestro ánimo y también hacia los demás. , logrando cambios. Lo que incluyo en mis clases tiene relación directa con las posibilidades de todos, es como un gran factor común que tomo, incluyendo todo aquello que sí pueden hacer los alumnos, cualquiera sea su condición física o psíquica. Mi danza sobre el escenario me dió las pautas de conocimiento necesarias para utilizar en las clases. El alumno llega a conectarse con su cuerpo vivo sin imposición, sintiendo lentamente que su cuerpo abandona toda rigidez y puede estirarse o flexibilizarse, y esto, que lo ayuda a reconocerse a sí mismo, le va entregando una relajada y estable sensación de “sí puedo”. En algunos casos lo que estimulo, más que el movimiento en sí, es la sensibilidad, que conecta directamente con la posibilidad hacia adentro y hacia afuera. Lo que hacemos no es una gimnasia técnica, por lo que nadie queda al margen. En mis clases nunca muestro lo que sé o no sé, por eso lo que obtengo es siempre una respuesta que es un hecho creativo. Para mí no existe lo sano o lo enfermo, muchas veces recibo respuestas que exceden en mucho la expectativa según las "posibilidades" de personas con grandes dificultades, mientras que con otros alumnos muy dotados hemos necesitado tiempos más largos para sensibilizar e introducirse en los más profundos rincones del cuerpo. , cada uno a su tiempo.
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El trabajo con sordos "Algo tienen en común el cuerpo y el silencio, y es que no pueden mentir". El primer acercamiento con el no oyente consiste en que él llegue a interesarse por proyectar y darse cuenta de que su cuerpo es un instrumento del lenguaje. Trabajo con diapositivas con imágenes y líneas que sugieren ritmos diferentes y conectan instantáneamente con movimientos, más allá de la presencia o no de un sonido. Una de las formas para ir al encuentro es utilizar la geometría del movimiento. Es como una ecuación: LÍNEA = MOVIMIENTO. Y éste será diferente según lo sea la línea: recta u ondulada, continua o intermitente, ascendente o descendente. Trato de darle al no oyente la posibilidad de que la línea represente lo que para nosotros la música, buscando en el ritmo y la forma la exploración creativa de su cuerpo que, sin conocer los sonidos, puede desplegar el movimiento y danzar. Otro estímulo invalorable es el color. Trabajo con telas muy grandes y con diapositivas en las que proyecto colores, e invariablemente las respuestas se traducen en movimiento y forma. El color, la línea y la forma son en sí mismos un lenguaje que ofrece un gran estímulo para mover el cuerpo. Todo lo que nos rodea, todo lo que vemos penetra en nuestro cuerpo y sale de él. Podemos bailar el color rojo de una alfombra, el verde de un sillón, la línea del horizonte. El estímulo visual aporta una gran ayuda para los sordos, permitiendo que adquieran y desarrollen capacidades rítmicas, calidades de movimiento, estructuras espaciales, además de sensaciones y aptitudes que expanden el mundo interno donde los miedos desaparecen.
Los no oyentes pueden danzar creativamente en el silencio, salir del aislamiento con el estímulo de sus propios ritmos internos, imágenes, sensaciones e ideas, además de estímulos visuales corpóreos y proyecciones.
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